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Diversos factores para una sola crisis: La Tragedia de Grecia

A la mayoría de los observadores cotidianos la crisis griega nos ha tomado por sorpresa. Hace sólo un año Grecia era un país pujante, modelo de Estado que aseguraba a sus ciudadanos un trato justo en sus aspiraciones personales. Hoy el panorama es distinto: la deuda pública asciende a un 115% del PIB, pasivo que no es posible financiar con recursos propios y se estima que el gobierno heleno debera renegociar créditos vencidos por un monto cercano a los 50.000 millones de euros. Todo eso sin contar los regresivos efectos que causarán las fuertes medidas de reajuste fiscal que exigió el Fondo Monetario Internacional y la Unión Europea (principalmente Alemania) para implementar un plan de rescate avaluado en 45.000 millones de euros.

Pero adentrándonos en la situación pre-crisis, podemos constatar que Grecia ya presentaba pruebas claras de una recesión profunda en su economía. Desde el año 2008 hasta la fecha, el país ha disminuído su PIB en un 1%, la actividad económica interna se hundió en un 4% en donde la principal baja la ha experimentado la construcción (-10%). A mayor abundancia, el déficit financiero público ha aumentado hasta llegar al 15%, haciendo más tentadora la opción de pedir emprestitos extranjeros, práctica viciosa y nefasta del aparataje estatal, con atisbos de corrupción (o derechamente corrupción) al disfrazar préstamos como simples remesas. Ciertamente los grandes actores financieros que operan en Grecia conocían el riesgo del país heleno de caer en “default”, no obstante continuaron prestando euros bajo el beneplácito de Alemania, cuya economía necesita del fuerte endeudamiento griego (no por nada la balanza comercial de Grecia con el país germano llegó a un déficit comercial de 4.800 millones de euros). Pero el tiro les ha salido por la culata: por tratar de expandir aún más el consumo interno por medio de préstamos a la hacienda pública, corren el peligro de que Grecia no cumpla sus compromisos y desplome al euro. Por ello, la “ayuda” va acompañada de exigencias de inversionistas y dueños de capital especulativo (en su mayoría alemanes) en orden a no cambiar las condiciones de inversión, no alterar en un futuro las tasas de los nuevos créditos y aplicar un ajuste fiscal significativo. En otras palabras, los grandes conglomerados y los principales bancos- a través de Grecia y la  Unión Europea- están mandando un mensaje a todos aquellos paises riesgosos (Italia, Portugal, España) para que sigan cumpliendo sus compromisos internacionales, a pesar de los costos políticos y sociales que esto conlleva. Y es que si el euro ha sido altamente beneficioso para las economías europeas con sobreproducción, ha sido muy perjudicial para las emergentes, meros mercados de consumo que se financian por medio de bonos que alientan sólo el gasto (casi en su totalidad público en el caso de Grecia), yendo en detrimento del ahorro interno, privilegio sólo de unos.

Pero más allá de las consideraciones previas a la crisis, hay varias aristas que no encajan en este puzzle. De partida está la calificación del riesgo. Actualmente la deuda de Grecia se encuentra al nivel de los bonos basura, por lo cual los especuladores pueden imponer -como se dijo anteriormente- intereses iguales o superiores a los establecidos pre-crisis. La duda surge porque a menos de 2 meses de ser electo un gobierno de izquierda, las calificadoras comenzaron realmente a hacer su trabajo. Es decir, antes de estar el PASOK al mando, en Grecia no existía riesgo de default y los bancos alemanes tenían suficiente confianza para seguir prestando al Estado. Luego, por arte de magia, la UE cae en la cuenta de que el país es un deudor peligroso y que sus finanzas pueden hacer caer al euro. Es indudable que la institucionalidad griega es irresponsable por contar con un Estado que  se expande sin contar con los recursos necesarios para ello, pero es sospechoso que sólo ahora hagan patente el descalabro del sector público, justo cuando un gobierno más permeable a las demandas laborales y sociales ha llegado al poder.

Otro aspecto que no se logra comprender a cabalidad es la práctica monetaria de la UE. La zona euro se presentó al mundo entero como un mercado homogéneo y el euro sería el representante de la justa igualdad entre todos los integrantes de esta comunidad económica. Sin embargo, la crisis griega ha mostrado que una vez más la bonanza es únicamente para algunos, pues las economías emergentes están destinadas a un endeudamiento bruto mayor que el de una economía madura (Francia, Alemania) por no existir un adecuado balance en el comercio interno.  En efecto, la política monetaria alemana rompe el equilibrio al poseer una balanza comercial muy superior al promedio de la zona. Con esto se impide que los otros Estados miembros devalúen su moneda para frenar las importaciones alemanas y hacer más atractivas sus propias exportaciones. Haciendo ficción, imaginemos que el euro no existe, Grecia podría haber devaluado su moneda, encareciendo el marco alemán, logrando disminuir su balanza comercial. Pero ¿por qué Alemania es titular de dicha ventaja? Básicamente porque los últimos años ha introducido reformas que han producido la deflación de su fuerza laboral, haciendo más barata la mano de obra. Bajo esa misma lógica, se ha detenido el consumo interno pero han aumentado agresivamente sus exportaciones a países como Grecia, España y Portugal. En el mismo proceso, el rendimiento de las inversiones de capital por parte de los países poderosos de la UE han mermado, incentivando al capital ocioso a crecer por medio de la especulacion, creando fortunas que no tienen su correlación en inversión real o sobreestimándola hasta que alguien lo advierte y desata pánicos bursátiles como el de 1929 o la reciente crisis subprime. En definitiva, la moneda europea es una químera de igualdad, que poco aporta al desarrollo de países más pequeños en tiempos de crisis: el euro es barato para los alemanes y demasiado caro para los griegos.

Lo que está teniendo lugar hoy es una severa recesión económica producida, en primer lugar, por la ineficiencia de toda la clase política griega que no supo (o no deseó) tomar medidas radicales y severas para lograr una mínima sustentabilidad económica del gran aparataje estatal que construyeron. En segundo lugar, la ilusión del manejo monetario en la Zona Euro que estimula la sobreproducción capitalista a gran escala, a costa del salario, beneficios y conquistas laborales de los trabajadores, tanto de los países productores como consumidores; y en tercer lugar del inescrupuloso actuar de las entidades financieras y especuladores que manejan la información crediticia a su antojo con el objeto de obtener ganancias más allá de lo que la ética dictamina. Bajo esta situación y con un futuro no muy promisorio, es comprensible y hasta obligatoria la protesta del pueblo griego, única víctima de esta tragedia.

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  1. junio 28, 2010 en 8:11 am

    Luego en la reunion del G20,amenazan a España y Grecia que se den prisa,porque avanzara cada uno a velocidades diferentes,si es que…

  2. agosto 16, 2011 en 5:08 am

    Maldita crisis, a ver si se acaba pronto!

  1. junio 6, 2010 en 11:57 am

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