Inicio > Política, Sociedad > “Plan de Reconstrucción” o la oportunidad desperdiciada

“Plan de Reconstrucción” o la oportunidad desperdiciada


Recientemente el gobierno ha dado a conocer las diversas medidas para financiar el plan de reconstrucción de gran parte del país post terremoto. Dentro del paquete contemplado, lo primero que sorprende es la supuesta audacia de algunas de las fórmulas que a primera vista pugnan con la ortodoxia que ha mostrado la centro-derecha en esas materias, verbigracia el alza de impuestos. De este hecho, es posible inferir que Sebastián Piñera y su gabinete han cuantificado de manera más o menos certera los daños totales que dejó la catástrofe -alrededor de US$30 mil millones- de los cuales, cerca de US$ 10 mil millones serían pùblicos, es decir financiación directa del fisco.

Podemos decir, en líneas generales, que el plan de recaudación está marcado solamente por la contingencia. En ese sentido, es bastante más austero de lo que las necesidades de la sociedad requieren. El terremoto causó un daño emergente importante, pero también mostró las falencias que casi 3 décadas de neoliberalismo no han sabido superar. Como bien sugirió el Ministro del Interior Rodrigo Hinzpeter, era éste el momento para revisar las principales disposiciones sobre las que se cimenta el Estado pero el gobierno ha desaprovechado la oportunidad de hacerlo. Eso hace que el plan sea sólo “suficiente”, y de ninguna manera viene a cambiar los paradigmas de desigualdad que cruzan nuestro país. Veámos porqué.

Adentrándonos en el proyecto, constatamos que una de las principales medidas (cruzadas por un debate “ideologico” según ciertos analistas de centro derecha) es el alza transitoria de 3 puntos al impuesto de 1ª categoria hasta el 2011  dejándolo en 20% con una baja el 2012 de 1,5% quedando en 18,5%. Con ello, el gobierno espera recaudar cerca de US$1.200 millones extras, convirtiéndose en una de las principales fuentes de recursos para apalear los efectos de la emergencia. Si bien es cierto que la estructura tributaria chilena exige una modificación que  eleve el impuesto a las empresas para compensar así la extrema diferencia de lo que paga por mismo concepto una persona (tasa progresiva que llega hasta 40%), la medida se tornará insuficiente si no se combaten los mecanismos de evasión implícitos y ultra utilizados por los dueños de las empresas como la creación de sociedades que reciben esas rentas o el traspaso de esos dineros a fondos de inversión. Huelga decir que el crédito que tiene 1ª categoría contra el Impuesto Global Complementario, que es al fin del cuento, el único tributo que paga quien es domiciliado en Chile, impide que el aumento del impuesto corporativo sea eficiente como elemento recaudatorio por su carácter de transitorio (el famoso pago provisional mensual o PPM), a la vez que permite bajar la carga a medida de poseer más ganancias. Tal como fue planteado al hablar del royalty minero (ver! ), el tema acá pasa porque exista un límite de dicho crédito, de lo contrario, no servirá de mucho, pues ese dinero será devuelto por el Estado.

Pero también se desprende otra interesante arista en esta alza de impuestos, y que demuestra otra vez que esta supuesta “reforma” no viene a perfeccionar las deficiencias de las disposiciones tributarias actuales. Es la exención de las pymes. Estas empresas no pagarán primera categoría si su facturación es inferior a 50 mil UF por sus utilidades reinvertidas hasta con un tope de 2.500 UF. La discriminación se hace en base a ventas y no a ganancias, incentivando la división de las empresas en sociedades de papel para no quedar comprendidas en la norma. Es cierto que por regla general quien vende más gana más; no obstante, establecer aquel criterio sin tomar en cuenta las características del mercado al cual acceden se torna algo peligroso. Lo ideal en esta área sería elevar el tope de las utilidades y dejarlo como único patrón a tomar en cuenta para decidir quién queda afecto y quien no, favoreciendo así a las pymes que trabajan con menores márgenes de ganancia. 

En esa misma senda de continuismo económico, Piñera anunció un aumento al royalty a la minería, escalonado desde 3% hasta 9%. Hasta aquí todo bien. El problema aparece cuando la moneda de cambio que utilizó el gobierno para que las empresas que actualmente están sometidas bajo el régimen de invariabilidad tributaria se acogan voluntariamente a esta alza en la regalía, es un aumento en dicha invariabilidad hasta ocho años, por lo menos. Por este concepto, se espera recaudar alrededor de US$700 millones, lo cual es una nimiedad si se considera que las multinacionales del cobre gozan de franquicias tributarias que ascienden hasta los US$8 mil millones, si se se suman las exenciones, gastos ficticios y el impuesto de 1ª categoría que es devuelto por el Fisco por “no presentar utilidades” (cifras del Comité de Defensa del Cobre). Como ya lo mencionamos en el artículo anterior, la regalía alcobre es un concepto acabado desde su origen, mal concebido y en profunda contradicción con la propiedad sobre los contratos que legalmente -pero quizás no éticamente- poseen las grandes mineras. En cualquier caso, Piñera ha hecho mucho más que los otros gobiernos de la Concertación en el tema, ya que el royalty progresivo para los nuevos proyectos -que se estiman en US$22 mil millones- permitirá obtener un pequeño procentaje extra comparado con la situación actual.

Si se someten a análisis las otras medidas de financiamientos  (emisión de bonos a 10 años, impuesto al tabaco, uso de ahorros en el exterior, reasignación presupuestaria, ley de donaciones, entre otras de menos cuantia) podemos constatar que los efectos perniciosos y regresivos la actual estructura tributaria provocarán que la reconstrucción nacional será cubierta en su mayoría justamente por quienes no tienen la posibilidad de evadir impuestos porque la hacienda pública se posa en sus hombros (los bonos se pagarán con dineros del fisco, obtenidos en un 60% del IVA; las tabaqueras traspasarán el impuesto al precio final; las reasignaciones dejarán muchos programas sociales sin recursos; etc.). Hemos verificado que con el nivel de rendimiento económico que poseen las rentas en Chile es perfectamente posible liberar la carga a quienes pagan indirecto o aminorarla, y traspasarla a quienes realizan altos retiros de utilidades.

Sin duda que la estructura tributaria de Chile hace un buen tiempo que pide a gritos una cirugía mayor. El financiamiento público descansa sobre los impuestos indirectos, ensanchando la brecha entre quienes ganan más con quienes ganan menos. Por otra parte, la cantidad de exenciones y maquinaciones para evadir el impuesto corporativo debilitan el rendimiento tributario y aumenta la dependecia del sistema sobre los impuestos del consumo.Por ello, juzgamos algunos que la oportunidad para debatir en torno a las cargas y a un nuevo trato en  la repartición de los tributos era hoy, pero el gobierno no supo comprender a cabalidad el momento histórico que deviene. En cualquier caso, el sólo hecho de estar discutiendo el tema y debatirlo es mérito del Ejecutivo, llegando a ser lo más rescatable del actual mandato presidencial. Con este paquete -apenas suficiente-Piñera ha obtenido su primer gran acierto político.

Anuncios
  1. Aún no hay comentarios.
  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: