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¿Una nueva derecha al poder? Las raíces del gobierno de Sebastián Piñera.


La llegada de la derecha al poder nunca fue una condición, sino un plazo. Quien haya creído que esta generación de líderes conservadores se estrellaría una y otra vez en la muralla concertacionista puede irse desengañando. En una democracia de bloques como la chilena, la alternancia es la regla de oro, es parte del juego.

El porqué ganó es un tema del cual nos han saturado los medios, no siendo tan complicada su ciencia: la Coalición por el Cambio triunfó por el férreo orden de sus filas y por el desgaste y la modorra programática de la Concertación. El énfasis ya dejó de ser ése. Lo que nos corresponde ahora es tratar de despejar la gran duda que tienen los hombres con memoria de este país con la derecha: ver si efectivamente poseen una real vocación para superar la transición. Porque, no seamos ilusos, ésta no ha acabado con la elección de Sebastián Piñera. Cuando se habla de un momento histórico un hecho siempre es un indicio, pero nunca marcará por sí solo un comienzo o un final. Terminar con la transición significa acabar con todos los enclaves antidemocráticos heredados de la dictadura militar, de lo contrario, seguiremos sin llegar a un acuerdo sobre qué entendemos por democracia.

       Para contestar la interrogante planteada, debemos comenzar por descifrar las señales que ha enviado el Presidente electo. Quizás la más importante en este sentido, fue el nombrar un gabinete de corte claramente “independiente”. Con ello pretendió decir dos cosas: la primera, para él la independencia partidista es lo mismo que independencia política, creando en el discurso una falacia anticipada incluso por Aristóteles, pues no existe el ser humano apolítico. Sus ministros son –en su mayoría- representantes de una elite empresarial, católica y profundamente conservadora. Callar esta arista da para presumir mala fe. Segunda, que su gobierno hará realidad la tan anhelada unidad nacional. Lamentablemente con ello, Piñera tomó la opción de encontrar apoyo popular de la misma forma que las dictaduras latinoamericanas de los años 70 buscaron legitimarse. En una democracia madura, se sabe de antemano que las decisiones políticas siempre son parciales,  porque afectan a intereses de personas que no están dispuestas a despojarse de las prerrogativas que dichos intereses protegen. De esta forma, podemos observar que el Empresario-presidente no ha hecho más que seguir moldes anacrónicos en sus primeras atribuciones de poder. Pero ¿y su sector? Quienes acompañarán desde el 11 de Marzo a Piñera ya sea en La Moneda, Congreso, Centros de Estudio y epicentros de poder varios, ¿están dispuestos a dejar atrás una etapa de estancamiento en el desarrollo de nuestra institucionalidad soberana, o por el contrario, persisten en cubrir sus errores (y horrores) con flores?

Lo concreto es que las pistas dejadas por la derecha nos indican que aún no se han sacudido de su pasado pinochetista. Lo sabíamos: ese empate moral con que nos bombardearon los medios, en relación a que el gobierno militar fue deficiente en DDHH, pero positivo en lo económico, ha sido parte de una estratagema muy cuidadosa y prolongada durante el tiempo por parte de los sectores reaccionarios. Al realizar análisis de la historia reciente, comprobamos que la derecha ha sido hábil en instaurar subrepticiamente el discurso de que la bonanza y el prestigio económico del que goza Chile es fruto de las reformas realizadas durante la dictadura. Lo cierto es que si medimos las cifras de nuestro país bajo el prisma que utilizan los economistas de dicho sector, no podemos sino aplaudir el buen rendimiento que posee la economía criolla. La inflación –lastre del siglo XX- está controlada; el crecimiento, salvo los últimos meses del gobierno de Frei, presentó un ritmo más que óptimo durante los últimos 25 años; el PIB se ha cuadruplicado, etc. Los pergaminos del modelo neoliberal no son pocos, pero las omisiones de sus costos hacen que se distorsione el real legado del mundo conservador.

Y es que si miramos en profundidad los silencios que los herederos de Pinochet (y de una parte no menor del mundo concertacionista) podremos apreciar los signos regresivos del aspecto “salvable” del gobierno militar, muchos de los cuales se interntaron modificar -sin éxito- durante los gobiernos de la centroizquierda. Así, no se ha dicho que la participación de las remuneraciones en el PIB ha caído en más de un 40%, transformando a Chile en uno de los países más desiguales del mundo. Menos se habla del injusto sistema de pensiones de capitalización individual que dejó a miles de afiliados sin el monto correspondiente por “no haber cotizado el mínimo de años”. Tampoco se habla mucho acerca de la dependencia excesiva del Fisco en la tributación indirecta –específicamente en el IVA- con lo cual se grava más a quienes destinan mayoritaria o totalmente sus ingresos en consumo (capas medias y bajas) que a aquellos que tienen  capacidad de ahorro, lo cual es inaudito siendo Chile un país exportador de recursos no renovables como el Cobre. En este mismo ítem y siguiendo la lógica de no espantar la inversión, se ha defendido con uñas y dientes un Estatuto de Inversión Extranjera absolutamente expropiatorio de la soberanía nacional, que asegura al inversionista un régimen de invariabilidad tributaria sobre el 42% de la renta imponible por varios años, del cual se pueden deducir una serie de gastos ficticios, verbigracia la depreciación. En consecuencia, las mineras pueden operar con millonarias pérdidas tributarias pero jugosas ganancias contables, eso sin mencionar el hecho de que muchas extraen el mineral hasta una cierta cantidad de toneladas, para tributar como “mediana minería”, y el resto llevárselo del país sin desprenderlo siquiera de la tierra. Hasta hace un tiempo “despertamos” y nos dimos cuenta de que nuestra educación está en el suelo, debido a que los municipios no están calificados para hacerse cargo de tan fundamental misión. Todo ello partió años atrás, repitiéndose el denominador común, pero actualizando a los sátrapas del modelo: ayer el régimen desde la represión, hoy la UDI y RN desde sus bancadas.

            Qué duda cabe entonces acerca de la nula vocación de cambio real que tiene el sector piñerista. Ellos se notan muy conformes con el actual estado de la democracia en el país. El mismo Presidente electo se ha encargado de hacerlo saber al proponer una nueva “democracia de los acuerdos” a la nueva oposición concertacionista. La falacia de dicha petición es que los acuerdos, la clientelización en el Congreso, los murmullos y negociaciones de pasillo están consagrados en la Carta Constitucional de 1980 al establecer el sistema binominal como forma de integración del Parlamento y al exigir quórum excesivamente alto en las materias de Estado fundamentales. Entonces ¿de qué hablamos? Piñera sabe que la Concertación se verá obligada a sentarse en la mesa, pues además el sistema legislativo distorsionado que tenemos pone al Presidente como el gran legislador: las urgencias a los proyectos las pone él, al igual que queda bajo su potestad cualquier norma que implique gastos. Ni que decir de su amplia potestad reglamentaria. El programa de Gobierno de Piñera no contemplaba  cambios significativos en esta materia y uno de los principales rostros de su sector –y en su momento del Gobierno Militar-, Jovino Novoa ha mostrado su conformidad con el sistema político, ya que a su juicio, le ha dado “estabilidad” a la nación. La probabilidad de que el Ejecutivo en manos de la derecha desate todos estos nudos es prácticamente cero; sería ir en contra de lo que ellos mismos establecieron.

            En ese estado de cosas, es importante entonces que se verifique una oposición realmente propositiva. No obstante, la Concertación carece de nuevos liderazgos y es muy probable que dentro de su seno comience a gestarse una división entre quienes ven la posibilidad de refundarla y entre quienes creen que la fórmula caducó. Por tanto, la alternativa de que de dicho sector emerjan serios contradictores a las políticas de Piñera es difusa. Ellos tienen que demostrar que más que una coalición de poder, son una coalición de construcción de un futuro más igualitario, pero aquello debe ir decantando, sobre todo en lo que suceda con el Partido Socialista, su eje articulador.

            Empero, tampoco deja de tener relevancia lo que suceda con las futuras organizaciones políticas y sociales de izquierda. Desde el gobierno, Piñera tendrá la facultad de desarticular la agenda de ese sector. Por ende, se hace necesario que la izquierda llegue a consensos, que cada una de las distintas agrupaciones hagan mutuas concesiones para recuperar el poder de convocatoria de antaño. Y eso se hará desde la contingencia, de lo contrario, cualquier esfuerzo de oposición será infructuoso, logrando extender el gobierno de derecha por cuatro años más.

            Estoy conciente de que muchos infirieron las conclusiones de esta ponencia antes de leer la misma. No obstante, su finalidad es dmostrar lo importante que es remendar la memoria a todos aquellos que ven en el nuevo gobierno el fin de etapas y el comienzo de otras más prósperas y más justas. La esperanza de más igualdad, más fraternidad y más libertad -por ahora- tendrá que esperar y es nuestra responsabilidad que aquella luz no se apague. Debe ser una labor digna del mayor encomio.

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  1. Salva
    febrero 16, 2010 en 9:51 am

    Que comentario y análisis mas imbecil el que acabas de escribir.
    Tanta tontera y resentimienbto juntos no ameritan mayor análisis ni comentario.

  2. Rodrigo
    febrero 16, 2010 en 3:21 pm

    Muy acertado y bien documentado el análisis. Voté en contra de Piñera pero creo que el momento es otro. Creo que las cuentas pendientes al gobierno militar no hay que pasárselas a esta generación de la derecha, sino que ya no se cobraron.
    En fin, muy bueno el blog y buena pluma

  3. simonia
    febrero 16, 2010 en 3:26 pm

    jajaja nunca había tenido dos comentarios tan opuestos
    Rodrigo: yo creo que esas cuentas son morales. Yo puedo tener 20 o 30 años pero si soy heredero de dichas políticas tengo una responsabilidad política frente a ello.
    Salva: Creo que mi tontera ya ameritó comentarios e increiblemente el primero fue tuyo jajaj OWNED jaja pero deberías fundamentar el porque lo encuentras tonto, no crees?? Te invito a eso!

  4. Misael
    febrero 17, 2010 en 8:53 am

    Es decir, Simona, que tu y tu Concertacion tienen entonces cuentas morales pendientes por haber afirmado hace 40 años que “LA VIA ARMADA ES LEGITIMA PARA INSTAURAR EL SOCIALISMO EN CHILE, Y DEPENDE DE LA DESTRUCCIOJN DEL APARATO BURGUES Y MILITAR” ?
    Porque jamsa he escuchado un mea culpa o una retractación de parte de estos sectores respecto a lo que se preparaban a hacer antes de 1973 (un gigantesco baño de sangre incluido) , y que solo se evitó por la intervencion del general Pinochet.

  5. simonia
    febrero 17, 2010 en 9:45 pm

    NO SOY CONCERTACIONISTA!!!! pero si quieres saber no era TODA la UP, sino un sector,el cual no tenía ni la capacidad logística ni apoyo en la gente para llevar una guerra civil. Eso es un invento para justificar el baño de sangre que SI llev{o a cabo Pinochet.

  6. simonia
    junio 9, 2010 en 9:10 am

    Las declaraciones de Otero demostraron ue mi análisis estaba en lo correcto, lamentablemente para Chile

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