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El Espejismo de la Segunda Vuelta


En estos últimos días de campaña, los dos candidatos que quedan en la carrera presidencial se han esforzado en marcar las diferencias que los separan del otro con un ahínco pocas veces visto. Piñera -que al parecer duerme en las noches con una herradura en la boca, para así lucir esa sonrisa tan maqueteada- ha intensificado la idea del “cambio”, pero cada vez que es consultado acerca del gobierno actual, remarca que será un continuador de sus políticas al intensificar los bonos y la protección social, es decir, promete un desalojo vacío. Quizás los viajes de la UDI a Suecia para aprender cómo la derecha de Fredrik Reinfeldt ganó en un país en donde la socialdemocracia campeaba a sus anchas, han influido en el mensaje conservador. Eduardo Frei por su parte, se ha rodeado de personas “jóvenes” -entièndase sub 50- y del mundo de la izquierda tradicional, para reforzar el llamado a las fuerzas “progresistas” (¿sabrá él lo que esa palabra significa?) a unirse en torno a la Concertación e  impedir que llegue la derecha al poder, en una campaña que tiene más terror a la Alianza que mística, por más que se balbuceé “el pueblo unido” con los brazos en alto.

Por lo visto entonces, las discusiones en torno a los grandes proyectos país, a las grandes transformaciones y a los cambios político-estructurales han quedado a la deriva, sin que los comandos intenten siquiera hacer referencia a ellas. Más, sería injusto culpar solamente a Piñera o a Frei por ello, pues esa falta de confrontaciòn de ideas  se arrastra desde hace más de 30 años, con la gran crisis del petróleo y con la primera y determinante mirada de la China de Deng Xiaoping hacia el capitalismo. Los candidatos recièn iniciaban sus pasos políticos cuando ya el paradigna actual comenzaba a rodear al mundo.

No obstante, creo que hay una pregunta que debe hacerse: ¿es lícito que en Chile se omita esa dialéctica nacional esencial, siendo que en nuestra realidad hay tanto por realizar? La duda quizá no es tan legítima en los paises desarrollados, en donde las discusiones se centran más en los intereses que en las necesidades (ej. reforma a la salud en EEUU), pero en el octavo país más desigual de la Tierra, creo que la pregunta no es importante: es vital.

Y así, como ciudadanos no podemos permitir que quienes aspiran al máximo cargo del país no se pronuncien sobre temas trascendentales. Es un deber cívico pasarles la factura por no abordar los ejes que sentarán las bases del país por los próximos 2o años. El rol de sustentabilidad que debe ofrecer la conducción política de un presidente debe ser conocido por todos aquellos a quienes sus decisiones afectarán por largo tiempo.

Es impresentable que desde ninguno de los sectores que actualmente están en la pelea por el siilón de O’Higginns exista pronunciamiento alguno acerca del ítem fundamental de la economía chilena: el cobre, ¿o acaso estarán cómodos con el actual estado de las cosas? Analizando las actuaciones políticas pasadas referentes al tema, es muy probable que la respuesta a esa interrogante sea afirmativa. A nadie le interesa que las mineras privadas no paguen impuestos por la tierra que extraen de Chile (o en el mejor de los casos, pagan una miseria), a nadie le importa que la Ley de Gobierno Corporativo de Codelco no sea apta para los desafíos del siglo XXI, etc., y así podríamos seguir desetrañando todos los silencios cómplices, las omisiones culposas y los engaños encubiertos de falacias democráticas para ocultar la miopía y la falta de conexión entre el país y ellos, sus dirigentes.

Los golpes del poder por el poder intoxican a la sociedad. Sin definiciones en los temas claves y sin una mirada a largo plazo sobre la sociedad que queremos ser, estas elecciones no son más que la muestra del efecto del veneno que venimos consumiendo desde el 73. Con la Concertación -que duda cabe- el sabor se ha hecho más dulce, pero no por ello deja de ser menos dañino. Guissepe Mazzini, celebre demócrata italiano escribió que “el secreto del poder está en la voluntad”. Acá en Chile, una voluntad genuinamente transformadora no existe, y eso es peligroso, porque el Estado como generador de prioridades en pos del bien común va desapareciendo, quedando la sociedad huérfana de cohesión social, retrocediendo hacia un estado feudal, en donde sólo los poderosos van trazando las directrices. Por ello, sería conveniente que mañana, en el día de las elecciones (fiesta democrática puaj!) dejemos de beber la cícuta y anulemos nuestro voto, para así decir que estamos vivos y somos conscientes de que su forma de hacer política no nos representa.

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  1. eduardo
    enero 17, 2010 en 10:47 pm

    Estoy completamente de acuerdo con tu articulo. Lamentablemente hoy gano Piñera y eso sera retroceder para el pais. Frei y piñera se parecian demasiado, como tu suguieres eran lo mismo y la concertacion y la derecha tambien.

  2. Cristián
    enero 19, 2010 en 7:06 pm

    Gracias a Dios ayer ganó Piñera, y eso es un gran avance para el pais.

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