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Neoliberalismo, un proyecto fallido

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Con la caída del último gran régimen dictatorial que ha conocido el mundo (URSS) muchos pensaron que había llegado el triunfo definitivo de la democracia sobre el totalitarismo. El nuevo paradigma mundial de la globalización ha hecho que muchos piensen que hoy en día la democracia es la que ha sido derrotada…esta vez por el neoliberalismo.

En un primer momento y conceptualmente, ambas ideas van de la mano. Para que exista democracia (o mejor dicho para practicarla) es necesario que exista libertad económica, según nos enseñan los libros; y justamente la idea central del neoliberalismo es la libertad absoluta de iniciativa económica para los privados. No tendría porqué haber una contradicción entre ambas.

Pero resulta que la democracia liberal necesita primero de un Estado con instituciones fuertes y autónomas unas de otras, para cimentar sus bases entre los ciudadanos, y segundo que la fortalezca mediante mecanismos constitucionales, legales y sociales adecuados. Y es aquí donde entra en un feroz conflicto con la teoría neoliberal, pues para los neoliberales el Estado es el causante de todas las desgracias económicas, quedando eso “claramente comprobado” con la caída de los socialismo reales y con el abandono de las ideas de un Estado benefactor -durante la década de los 70- por un Estado vigilante que minimice lo máximo posible su intervención en la economía.

Entender esta dicotomía es más fácil de lo que parece. Para la cruzada neoliberal el Estado inhibe la iniciativa privada, provocando menos crecimiento y fuga de capitales. También el Estado es un pésimo empresario, pues la actividad económica es movida por el deseo de lucro en el ser humano y el Estado al ser un ente ficto, carece de este deseo, por lo cual crea distorsiones en el mercado que causan desconfianza entre los inversionistas, espantando al capital. En otras palabras, el Estado es el enemigo a derrotar si se quiere alcanzar el desarrollo.

Pero los defensores del neoliberalismo omiten decir que el Estado casi siempre abarca áreas que los privados no hacen (tratando de corregir el alto desempleo estructural, salud, educación, entre otros ejemplos) o que el Estado -ya sea como empresario o como ente regulador- en espacios estratégicos para una nación si funciona (extracción de recursos naturales no renovables, servicios públicos, etc.) También optan por callar que en periodos de recesión económica ellos mismos (¡si, los mismos que lo han satanizado!) recurren al Estado para tratar de minimizar las pérdidas producidas por la economía altamente cíclica que implantaron. O sea para ellos las ganancias son privadas y las pérdidas públicas. (Ejemplo: Chile 1982, Corralito Argentino, crisis financiera subprime, etc.)

Al hacer del mercado la panacea social, el neoliberalismo socava las bases institucionales y jurídicas de una nación. En vez del mercado estar sometido a la república es ésta la que se tiene que someter al mercado y sus vaivenes, adaptando sus leyes y normas generales a las nuevas exigencias que dictan los señores del FMI y del Banco Mundial. Si se quiere establecer algún tipo de impuesto o si se quiere implementar una nueva exigencia pon razones de justicia ambiental, social o cultural, inmediatamente salen sus paladines, augurando el colapso económico del país. Nos basta recordar la defensa corporativa que hizo la derecha cuando el gobierno de Lagos intentó imponer un miserable 3% de royalty sobre las mineras que extraían cobre del suelo chileno sin pagar nada de impuesto, amparándose en el DL. 600 y más específicamente en la depreciación acelerada. ¿Sabrán estos señores que en otros países se cobra, por el mismo concepto, un impuesto del 20%, del 30% y hasta de un 45%?

Efectos de su aplicación en Chile y el mundo
viejoweonsChile debe ser uno de los países en donde estas ideas han tenido mayor aceptación. Un grupo de jóvenes economistas durante los años 70 con estudios de post grado en la Universidad de Chicago, implantaron el modelo neoliberal durante el régimen de Augusto Pinochet. Los medios y la nueva historia “neutral” de “no quedar mal con nadie” nos habla de que la dictadura fue rescatable en lo económico, cosa que no fue tan así. El signo regresivo de las reformas económicas se puede apreciar hasta hoy, en donde perdura la peor distribución del ingreso en nuestra historia. Según Ricardo Ffrech-Davis -quién realizó sus estudios también en la cuna neoliberal de Chicago- durante la dictadura “se creó más pobreza, se empeoró la distribución del ingreso y hubo menos inversión productiva”. En otras palabras, el milagro económico no existió del todo. En un modelo ideologizado no se sabe cómo funciona el mercado, con lo cual se tiende a partir desde la teoría sin saber cómo es la praxis. Esto llevó a que los principales damnificados fuese la población en su conjunto: el desempleo durante la “época de Pinochet” alcanzó el 17%, el salario mínimo real en 1989 era de 59 mil pesos (en 1980 era de 70 mil pesos y hoy de 135 mil), el consumo por habitante era del orden del -1% (hoy es del 4%) negatividad de la que no era ya culpable la UP, puesto que estamos hablando de 17 años después del Golpe Militar. Bajo esta misma mirada, podemos ver también que la participación de las remuneraciones en el PIB cayó en un 38% desde 1973 hasta 1989 según datos del Banco Central; lo cual se suma al pobre crecimiento del PIB en los mismos años (1,3% mientras que en democracia hasta el año 2004 fue de 4,1%) Otro aspecto lamentable del modelo implantado por los “Chicago Boys” se produjo en el ámbito financiero, en donde la crisis bancaria del año 1982 hizo que existiese una fuga de capitales calculada en casi seis mil millones de dólares. ¿Los culpables? las medidas tomadas por el régimen en orden a eliminar las restricciones para entrar al mercado financiero y para endeudarse en el exterior (recordemos que el endeudamiento externo llegó a ser del 100% del PIB, algo que no era financiable bajo ningún punto de vista y que creó mayor concentración de riqueza.) En otras palabras, podemos decir sin duda alguna que el modelo naufragó en aguas chilenas.

Pero el capitalismo en su forma más ortodoxa no sólo es dañino a niveles locales. Es palpable su estela de miseria también a nivel mundial. Datos nos sobran que corroboran esta situación: hacia el año 1996 el 20% de la población más rica del mundo poseía recursos 80 veces superiores al 25% de la población mas pobre; hacia el año 2000 casi el 45% de la totalidad de personas que viven en la Tierra vivían con menos de dos dólares diarios. Si hablamos de macroeconomía, las cifras son todavía mas expresivas: en el mismo año 2000, en 70 naciones, la renta per cápita es inferior que hace 15 años, con la eliminación de “trabas” comerciales ha quedado un vacío legal en las legislaciones en relación a temas trascendentales como la redistribución del ingreso, la sustentabilidad de la economía basada en el primer segmento (extracción de materias no renovables), equilibrio ambiental, calidad de vida de la población, entre otros.

Sin duda todo esto hace que miremos el futuro con desesperanza, pero cabe señalar que tampoco debemos devolver nuestra mirada al pasado. Muchas de las conquistas del sistema más extremo de capitalismo son por culpa de aquella izquierda anacrónica, devota de la burocracia estalinista que observa a los años 60 como el ideal político y económico para el siglo XXI. Se debe avanzar hacia el futuro en base a las circunstancias actuales y no a partir desde la teoría ideologizada y oscura. Años atrás la revista “Clase contra Clase” se hacía la pregunta de que “¿si acaso era posible humanizar el capitalismo?” Mi respuesta ante esa interrogante sería que es posible. El mercado como asignador de recursos funciona, pero no es perfecto y es ahí donde se necesita una voluntad social seria de querer cambiar las cosas -quizás no de la forma como nos ha mostrado la socialdemocracia o la tercera vía-, sino que con una nueva visión Republicana y con una idea de lo que debe ser un Estado hoy en día: un participador activo en el juego de la oferta y la demanda, al mermar los efectos regresivos que pueda tener una economía y erigirse como el único sostenedor del bien común.

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  1. thegaston
    junio 8, 2009 en 8:01 pm

    Me parece excelente tu articulo para desenmascarar de una vez por todas el chile del pinochetismo, administrado por la concertacion. Hoy en dia se hace cada vez mas importante la lucha en contra de este sistema alienante y deshumanizador

  2. Jorge Hidalgo
    junio 9, 2009 en 8:24 am

    Pobre weon resentido social…

  3. thegaston
    junio 10, 2009 en 10:42 am

    por que me dices resentido social?? por manifestar una opinion? seguro no tienes idea de quien soy o que hago

  4. simonia
    junio 11, 2009 en 1:43 am

    The Gaston:
    creo que hay algunas diferencias -quizás no de fondo- pero las hay, entre el Chile que dejó Pinochet y el Chile concertacionista. Aún así, creo que hay materias pendientes y lejano veo el día en que se logre una voluntad seria para cambiar las cosas.
    Jorge Hidalgo:
    No sé si dijiste resentido a Gastón o a mí -quien escribió el artículo-. Creo que deberías profundizar un poco tu crítica y explayarte en el resentimiento social por criticar al neoliberalismo. De ser así, hasta Adolfo Zaldívar sería resentido, cosa que veo poco probable.
    Saludos

  5. junio 16, 2009 en 3:20 pm

    A ver, pienso que echarle la culpa a Pinochet por la mala distribución de los ingresos no es justo.
    El problema de los ingresos mal distribuidos viene de tiempos antes (años 60′), Pinochet creó un modelo económico que ha sido aplaudido en el extranjero, después que llegó la Concertación al poder, con su pseudo democracia, con ese discursito de layes sociales para todos y eliminar la pobreza que ha sido una falacia, puesto que en estos gobiernos ha empeorado la distribución de ingresos parejos o equitativos, sino es cosa de conseguirse los sueldos de estos paladines de los pobres, ver la descarada corrupción de nuestros gobernantes, etc, etc…

  6. simonia
    junio 17, 2009 en 10:05 pm

    María Angélica:
    El modelo no lo creó pinochet, sino que el conjunto de economistas venidos desde Chicago discípulos de Milton Frielman (creo que así se escribe). De hecho los milicos no tenían idea de economía, tan sólo eran contrarios al comunismo. Ahora, que la distribución de ingresos viene de antes de pinochet, ok, pero el modelo la acentúo, pues sus signos regresivos se ven hasta ahora.
    Ni siquiera en EEUU se han implementado tan ortodoxamente, pues en norteamérica el estado tiene un papel fuerte, ya sean gobiernos demócratas o republicanos. Acá simplemente dejaron al salvajismo del mercado todo lo que tenía que ser competencia pública y eso fue nefasto

  7. junio 25, 2009 en 8:48 pm

    Permiso Simonia

    AsadodeCostilla es un espacio de difusión y creación que recorre el ámbito nacional y cuasi internacional, convocando a escritores, músicos, artistas plásticos, bohemios psicotrópicos y activistas apasionados.
    En AsadodeCostilla puedes encontrar esa obra de teatro que no viste, la película que no has conseguido, el libro que quisiste leer y la receta que, aun no lo sabes, será tu favorita.

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