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No todo comienza por algo.

papaborgiaNo sé bien porqué comienzo con un blog. Siempre me han parecido tan autorreferentes y tan siúticos. No encuentro una explicación y eso en mí se vuelve un problema. Quizá sea un autorreferente más, un siútico del montón, no lo sé. Lo que sí está claro es que es producto del ocio y algo de desgano. Estoy en una etapa parecida a Duchamp, aquel artista francés que apreciaba el no hacer nada. Ese estado de inacción (por llamarlo de esa manera) lo siento tan natural, es mi patria, pero sé que estaré desterrado de ella por un largo tiempo.

No creo que sea necesario decir quien soy. No es un dato relevante, además no soy un hombre público o alguien estrafalario, creo (uno nunca sabe); esas son las cosas que causan mayor interés en la sociedad. Revelar mi identidad no tendría importancia más que para mi círculo íntimo y sólo con un afán de extraña curiosidad mezclada con algo de maldad por “la wea” que hace el tipo en cuestión. Para evitar la carga insulsa que esos comentarios traen consigo, es mejor que no diga nada y esto se mantenga como un mísero secreto.

En cuanto al nombre “simonía”, lo saqué de una biografía que leí hace un tiempo del Papa Alejandro VI, o el Papa Borgia (el segundo en realidad de ellos, pero que fue el más relevante por su gran actuación en el Vaticano, junto a sus adorables hijos).  Según se cuenta, el Papa fue acusado de “simonía” por parte de sus rivales políticos-religiosos. Significa “venta de bienes espirituales (salvación, perdón, expiación, etc.) a cambio de cosas materiales”.  Fue el comienzo de un proceso que ya tenía sus años: querella de las investiduras, más tarde Lutero, Calvino, predestinación, etc.  El término, eso sí, parece remontarse  más atrás, a los tiempos de Jesús, según nos cuenta Wikipedia, pero no le tengo mucha confianza, ya que es “Wikipedia, la Enciclopedia que todos pueden editar”.

Huelga decir, en cualquier caso, que nada más lejano en mí que practicar la simonía, ¿para qué? Para eso está la clase dominante, la que nos vende los intangibles deseados por toda sociedad en una sola palabra: bien común. La salvación, ya despreciada por gran parte del rebaño, es reemplazada por esta nueva químera que reúne los intereses y los sueños de cada uno, aunque sean totalmente antagónicos. El pago que damos por contrapartida y para que calce con el concepto que da nombre al blog, es nuestra complacencia con el estado de cosas, es el contentarnos en nuestra pequeñez y en creer que se es más si se tiene más.

En cualquier caso, por favor no confundirme con un hippie (aunque la idea de “bed peace” me tienta). Sólo menciono que nos dejamos engañar, pues, dicha espiritualidad “política” no tiene más sustento en la realidad que una vaca voladora. No obstante, como seres humanos forzados a vivir juntos y a aguantarnos unos a otros, tenemos la necesidad de construir ídolos falsos y adorarlos para darle sentido a lo que en el fondo, carece de tal. Es una encrucijada: o pagamos por él o nos matamos los unos a los otros. Con esa verdad a cuestas, lo que menos deseo es practicar la simonía.

Finalmente quisiera advertir(me) que lo más probable es que este blog no sea monotemático; no se tratará sólo una materia, ni tampoco estará abocado a un aspecto particular de la realidad. Por el contrario, apuesto a que será tan errático como lo fue ésta, su primera columna…

c-ya

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